
Sábado, 22 de Julio de 1995 Javier Rojas Pérez muere baleado a la salida de una pizzería en el barrio de Quilmes, en Buenos Aires, producto de un procedimiento policial mal efectuado. Javier tocaba en una banda local llamada Exterminio, que antes de su recital, decidieron irse a comer unas pizzas a un local cercano (Cardona), cuando de improvisto llega “La cana” y desde afuera de la pizzería les dicen a los muchachos de la banda que salgan con las manos en la nuca, producto de un baleo entre “patotas” cerca de la pizzería, donde había muerto un ciudadano Paraguayo llamado Juan Duarte de 23 años. Cuando la banda en pleno sale de la pizzería, el agente Diego Centurión, de 21 años, actuó con inusitada violencia sobre los muchachos, fue en ese momento cuando se escucha un tiro y los compañeros de banda de Javier se dan cuenta de que le habían disparado en la cabeza, a lo que los agentes los hicieron voltearse y decirles que no miraran por que estaban disparando desde el frente. Luego de unos 30 segundos, proceden a levantar el cuerpo de Javier, arrastrándolo del pelo y tirándolo a la parte trasera de una camioneta policial bonaerense. Se llevan a todos los chicos detenidos amenazándolos con cargarlos con la muerte de su amigo y del ciudadano Paraguayo, pero la situación cambia cuando se dan cuenta de que la “recepción” (que ironía) de la comisaría esta llena de prensa y también había llegado León Zimmerman, abogado de la Co. Re. Pi. (Coordinadora contra la represión policial e institucional). El abogado declara a los días después que la versión policial dista mucho de el relato de los testigos directos y sobre todo, de la autopsia y las pruebas balísticas, ya que estas determinaron que la bala fue disparada a 5 Cms de la cara de Javier, Entrando por debajo de su parpado izquierdo saliendo por su nuca, bala que nunca fue encontrada.
Jueves 03 de Enero de 2008, Matías Catrileo Quezada, muere producto de un disparo efectuado por agentes del G.O.P.E.( Grupo de operaciones “especiales”), cuando este y otros muchachos, comuneros mapuches, ingresaron al fundo Santa Margarita, propiedad del agricultor Jorge Luchsinger, para tomarse el fundo en forma de protesta por al militarización de la Zona Mapuche. Cuando estaban protestando los comuneros y advierten la presencia policial armada hasta los dientes, y empiezan a quemar fardos de Heno y a lanzar piedras contra los efectivos policiales, a lo que estos respondieron con una ráfaga de balas de una sub ametralladora Uzi, la cual, dio muerte casi instantáneamente a Matías en el mismo lugar. Sus compañeros de toma, tomaron su cadáver y se lo llevaron, procedieron a llamar a la radio Bio-Bio, que esta, transmitiendo a todo Chile en directo la comunicación telefónica, dio a conocer la propuesta de los comuneros que tenían aún en su poder el cadáver de su compañero y que decidieron no entregarlo al estado Chileno (entiéndase Carabineros y servicio médico legal), si no que a la Iglesia Católica, en particular al obispo de Temuco Manuel Camilo Vial.
Finalmente, el cuerpo fue entregado para las pericias respectivas (que se realizaron en el Servicio Médico Legal de Temuco) con la mediación del obispo de Villarica Sixto Pazinger, la Cruz Roja y la Defensoría Pública. Actualmente el carabinero sindicado como el autor del asesinato sería Walter Ramirez Espinoza, quien se encontraría detenido mientras se realizan las investigaciones pertinentes.[] Se han elevado críticas[ ]en contra del fiscal militar, José Pinto Aparicio, que investiga la causa al ser el mismo que indagó acerca del asesinato de Alex Lemún el año 2002, que permanece impune, pues la causa fue sobreseída por la Corte Marcial en 2004.
Miércoles 12 de Agosto de 2009, Jaime Mendoza Collío muere producto de un balazo por la espalda cuando participaba, junto a otros miembros de la comunidad Requem Pillan, de un proceso de recuperación de tierras en el fundo San Sebastián de propiedad de Sergio González Jarpa, en el sector de Bajo Malleco, en las cercanías de Collipulli. Hasta el momento, las pericias policiales han llevado a la conclusión de que el efectivo policial identificado como Miguel Jara Muñoz, de 35 años, disparó su arma en legítima defensa cuando este fue atacado por parte de Mendoza Collío, con una escopeta con perdigones. Las pericias balistícas determinaron, primero, que Mendoza Collío nunca llevó un arma en sus manos, de hecho, la autopsia reveló que no se encontraron rastros de pólvora en sus manos, dato clave para determinar si alguien percuta un arma, sea del calibre que sea, pero sobre todo, el balazo que le provocó la muerte a collío, entro por su espalda y no fue disparado de frente, como informó la policía inmediatamente ocurridos los hechos, es más, el subsecretario del interior, Patricio Rosende, se apresuró en declarar que Chile tenía una de las mejores policías del mundo y que la imagen que tenía la institución no iba a ser cambiada por versiones “preliminares”. La versión Del Cabo Jara Muñoz cada vez pesa menos, de hecho, a cambiado su versión en al menos, unas 4 oportunidades, presentando su chaleco antibalas y su casco que, según su propia versión, tiene las marcas de los perdigones incrustadas, pero él no recibió rasguño alguno ni de parte de un ataque personal de algún comunero o producto de siquiera un solo perdigón. Según el informa de la Policía de Investigaciones, el chaleco antibalas del carabinero, presenta un impacto de escopeta efectuado con posterioridad el hecho y sin un cuerpo humano adentro. Lo más impactante de todo, es que el abogado de la Familia de Mendoza Collío, Jaime Madariaga, reveló que existe un informe que avalaría la tesis de un encubrimiento policial, que a estas alturas, el ministerio del interior dice “desconocer”.
Así como estos tres casos, en Latinoamérica y en Chile particularmente, sobran los casos donde la policía reprime con tal magnitud que llega a provocar la muerte de quienes juraron defender. Si vemos algunos casos recientes, podemos hablar de Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas Denegri, asesinados por militares el 02 de Julio de 1986, cuando pasaban por una protesta (Carmen Gloria se dirigía a su trabajo y Rodrigo Rojas era fotógrafo profesional que estaba en ese momento trabajando) y una patrulla militar los detuvo, los roció con bencina y les prendió fuego, luego los apagaron con una frazadas, para luego dejarlos a unos cuantos kilómetros de los hechos, en donde fueron socorridos por particulares, solo se salvó Carmen Gloria, Rodrigo murió el 06 de Julio de ese mismo año en la posta central a la edad de 19 años. Kathya Rojas de 10 años, pierde la visión de su ojo derecho producto de un balín de goma disparado a no más de 5 metros de distancia por parte de un carabinero que se introducía por los pasajes de las casas en una población de Pudahuel, producto de un operativo policial en el día del joven combatiente.
Y los ejemplos podrían llenar fácilmente unas cientos de páginas con testimonios no solo de ataques con armas de fuego, si no con la prepotencia de quienes están llamados a protegernos y no a desquitar sus frustraciones en la población civil, pero sobre todo, en la población más débil, moral y económicamente. No solo en Argentina se debería acuñar el apodo de Gatillo fácil, si no en todo lugar donde un Policía, que esta entrenado y preparado para pensar y después actuar, no cumple con el rol más básico que se le asigna a un ser de su especie, razonar y defender a todos por igual. Gatillo fácil es el peor ejemplo que se le puede asignar a quien porte un arma para la defensa de la población Civil, gatillo fácil no solo significa prepotencia, si no que dice relación con quienes no están capacitados mentalmente para poder resolver una situación límite, que los limita mentalmente y físicamente de por vida, no solo a portar un arma, si no que los limita de por vida a su propio razonamiento, a su propio ser, pero sobre todo, los limita de por vida a poder optar a ser una persona íntegra, con los suyos y con la sociedad.
Jueves 03 de Enero de 2008, Matías Catrileo Quezada, muere producto de un disparo efectuado por agentes del G.O.P.E.( Grupo de operaciones “especiales”), cuando este y otros muchachos, comuneros mapuches, ingresaron al fundo Santa Margarita, propiedad del agricultor Jorge Luchsinger, para tomarse el fundo en forma de protesta por al militarización de la Zona Mapuche. Cuando estaban protestando los comuneros y advierten la presencia policial armada hasta los dientes, y empiezan a quemar fardos de Heno y a lanzar piedras contra los efectivos policiales, a lo que estos respondieron con una ráfaga de balas de una sub ametralladora Uzi, la cual, dio muerte casi instantáneamente a Matías en el mismo lugar. Sus compañeros de toma, tomaron su cadáver y se lo llevaron, procedieron a llamar a la radio Bio-Bio, que esta, transmitiendo a todo Chile en directo la comunicación telefónica, dio a conocer la propuesta de los comuneros que tenían aún en su poder el cadáver de su compañero y que decidieron no entregarlo al estado Chileno (entiéndase Carabineros y servicio médico legal), si no que a la Iglesia Católica, en particular al obispo de Temuco Manuel Camilo Vial.
Finalmente, el cuerpo fue entregado para las pericias respectivas (que se realizaron en el Servicio Médico Legal de Temuco) con la mediación del obispo de Villarica Sixto Pazinger, la Cruz Roja y la Defensoría Pública. Actualmente el carabinero sindicado como el autor del asesinato sería Walter Ramirez Espinoza, quien se encontraría detenido mientras se realizan las investigaciones pertinentes.[] Se han elevado críticas[ ]en contra del fiscal militar, José Pinto Aparicio, que investiga la causa al ser el mismo que indagó acerca del asesinato de Alex Lemún el año 2002, que permanece impune, pues la causa fue sobreseída por la Corte Marcial en 2004.
Miércoles 12 de Agosto de 2009, Jaime Mendoza Collío muere producto de un balazo por la espalda cuando participaba, junto a otros miembros de la comunidad Requem Pillan, de un proceso de recuperación de tierras en el fundo San Sebastián de propiedad de Sergio González Jarpa, en el sector de Bajo Malleco, en las cercanías de Collipulli. Hasta el momento, las pericias policiales han llevado a la conclusión de que el efectivo policial identificado como Miguel Jara Muñoz, de 35 años, disparó su arma en legítima defensa cuando este fue atacado por parte de Mendoza Collío, con una escopeta con perdigones. Las pericias balistícas determinaron, primero, que Mendoza Collío nunca llevó un arma en sus manos, de hecho, la autopsia reveló que no se encontraron rastros de pólvora en sus manos, dato clave para determinar si alguien percuta un arma, sea del calibre que sea, pero sobre todo, el balazo que le provocó la muerte a collío, entro por su espalda y no fue disparado de frente, como informó la policía inmediatamente ocurridos los hechos, es más, el subsecretario del interior, Patricio Rosende, se apresuró en declarar que Chile tenía una de las mejores policías del mundo y que la imagen que tenía la institución no iba a ser cambiada por versiones “preliminares”. La versión Del Cabo Jara Muñoz cada vez pesa menos, de hecho, a cambiado su versión en al menos, unas 4 oportunidades, presentando su chaleco antibalas y su casco que, según su propia versión, tiene las marcas de los perdigones incrustadas, pero él no recibió rasguño alguno ni de parte de un ataque personal de algún comunero o producto de siquiera un solo perdigón. Según el informa de la Policía de Investigaciones, el chaleco antibalas del carabinero, presenta un impacto de escopeta efectuado con posterioridad el hecho y sin un cuerpo humano adentro. Lo más impactante de todo, es que el abogado de la Familia de Mendoza Collío, Jaime Madariaga, reveló que existe un informe que avalaría la tesis de un encubrimiento policial, que a estas alturas, el ministerio del interior dice “desconocer”.
Así como estos tres casos, en Latinoamérica y en Chile particularmente, sobran los casos donde la policía reprime con tal magnitud que llega a provocar la muerte de quienes juraron defender. Si vemos algunos casos recientes, podemos hablar de Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas Denegri, asesinados por militares el 02 de Julio de 1986, cuando pasaban por una protesta (Carmen Gloria se dirigía a su trabajo y Rodrigo Rojas era fotógrafo profesional que estaba en ese momento trabajando) y una patrulla militar los detuvo, los roció con bencina y les prendió fuego, luego los apagaron con una frazadas, para luego dejarlos a unos cuantos kilómetros de los hechos, en donde fueron socorridos por particulares, solo se salvó Carmen Gloria, Rodrigo murió el 06 de Julio de ese mismo año en la posta central a la edad de 19 años. Kathya Rojas de 10 años, pierde la visión de su ojo derecho producto de un balín de goma disparado a no más de 5 metros de distancia por parte de un carabinero que se introducía por los pasajes de las casas en una población de Pudahuel, producto de un operativo policial en el día del joven combatiente.
Y los ejemplos podrían llenar fácilmente unas cientos de páginas con testimonios no solo de ataques con armas de fuego, si no con la prepotencia de quienes están llamados a protegernos y no a desquitar sus frustraciones en la población civil, pero sobre todo, en la población más débil, moral y económicamente. No solo en Argentina se debería acuñar el apodo de Gatillo fácil, si no en todo lugar donde un Policía, que esta entrenado y preparado para pensar y después actuar, no cumple con el rol más básico que se le asigna a un ser de su especie, razonar y defender a todos por igual. Gatillo fácil es el peor ejemplo que se le puede asignar a quien porte un arma para la defensa de la población Civil, gatillo fácil no solo significa prepotencia, si no que dice relación con quienes no están capacitados mentalmente para poder resolver una situación límite, que los limita mentalmente y físicamente de por vida, no solo a portar un arma, si no que los limita de por vida a su propio razonamiento, a su propio ser, pero sobre todo, los limita de por vida a poder optar a ser una persona íntegra, con los suyos y con la sociedad.
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